“Eres mi único amor, la única mujer de mi corazón. Te amo.” Yu, rey de Galmun, fue en otro tiempo hijo del príncipe heredero. Sin embargo, tras perder a sus padres a manos del actual emperador, ha vivido únicamente esperando el día en que pueda vengarse de él. Un día, al enterarse de que el emperador planea acabar incluso con los pocos leales que aún le quedan, se dirige a un burdel para impedirlo. Allí, por casualidad, rescata a Taeju, una joven que estaba a punto de ser vendida como cortesana. Como ella no tiene adónde ir, decide mantenerla a su lado por un tiempo. Pero Taeju es una mujer pura e inocente, aún ajena a la crueldad del mundo; demasiado brillante para alguien cuya vida ha estado teñida únicamente de sangre. Temeroso de los sentimientos que comienzan a crecer en su corazón, Yu termina alejándola por la fuerza… solo para arrepentirse de inmediato. Nunca debió dejarla ir. Cuando creía que jamás volvería a verla, el destino los reúne de nuevo… en el palacio imperial. Ya no importaba cómo había llegado hasta allí. Lo único que importaba era el calor de sus labios al encontrarse y la felicidad que sentía al tenerla nuevamente frente a él. —Siempre supe que no podría permanecer a su lado para siempre, mi benefactor. Ese nunca fue mi lugar. —Ahora ya no puedes dejarme. No permitiré que te vayas. No pensaba dejar escapar a la pequeña y encantadora mariposa que, por primera vez en su vida, había volado hasta él. “Eres mía.”
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